Enunciado
Días atrás, conversar con un especialista sobre el acoso escolar, me dio luces sobre qué hacer si
en la familia hallamos alguien que ejerce esa agresión sobre un compañero. El experto, sin temor
a dudas, afirma que detrás de las conductas del niño hostigador se hallan hogares expuestos a
un contexto de violencia, problemas sobre permisividad, donde los padres no norman límites en
el actuar y la conducta de sus hijos.
El acoso escolar, en muchos de los casos, conduce — a quienes lo sufren — a la depresión e incluso
algo peor. Entonces, como padres, hermanos, amigos y personas que repudiamos este accionar,
debemos trabajar para disminuir el mal, demostrar con ejemplo cómo es una convivencia sana con
el entorno; dejar de normalizar la violencia; enseñar a que antes de grabar un hecho de este tipo —
sólo para tener “likes”— debemos intervenir y hacer entender que la violencia es reflejo de debilidad
de quien la ejerce.
