Enunciado

obsequio y lo cultivo desde la infancia. No soy en ello diferente
de la mayor parte de los seres humanos. La amistad es la gran
liga inicial entre el hogar y el mundo. El hogar, feliz o infeliz, es el
aula de nuestra sabiduría original pero la amistad es su prueba.
Recibimos de la familia, confirmamos en la amistad. Las variaciones,
discrepancias o similitudes entre la familia y los amigos determinan
las rutas contradictorias de nuestras vidas. Aunque amemos nuestro
hogar, todos pasamos por el momento inquieto o inestable del
abandono (aunque lo amemos, aunque en él permanezcamos).
El abandono del hogar sólo tiene la recompensa de la amistad.
Es más: sin la amistad externa, la morada interna se derrumbaría.
La amistad no le disputa a la familia los inicios de la vida. Los
confirma, los asegura, los prolonga. La amistad le abre el camino a
los sentimientos que sólo pueden crecer fuera del hogar. Encerrados
en la casa familiar, se secarían como plantas sin agua. Abiertas las
puertas de la casa, descubrimos formas del amor que hermanan al
