Enunciado
Soy madre de un pequeño de 3 años y a partir del artículo ”Desenchúfalo… ¡y a jugar!”, me puse a pensar en el tiempo que le dedico a mi hijo. Todos los días, cuando llego a mi casa, mi prioridad es mi hijo y nos turnamos con mi marido para ver quién cocina y quién se tira en el piso a jugar con Santiago. Nuestro hijo tiene toda tecnología a su disposición, porque su papá es técnico en sistemas, pero cuando llegamos a casa después de un agotador día laboral, nos desenchufamos los tres y usamos cualquier cosa que tengamos a mano: una pelota o una sábana para divertirnos. Esa pequeña terapia de risa es altamente curativa contra los bajones anímicos, contra el estrés, contra los pequeños enojos cotidianos, contra todo. O texto é uma carta de leitor sobre a reportagem “¡Desenchúfalo... y a jugar!”, publicada em uma revista. Ao relatar sua experiência pessoal, a leitora retoma o tema da reportagem e confirma a necessidade de